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Antígona Antagónica

Gráfico1Lo trágico es impensable y debemos sin embargo pensarlo

MICHEL MAFFESOLI

 

 

 

Lo trágico se presenta en nuestra contemporaneidad como un juego de retorno a valores arcaicos, nómadas y tribales, que aparecen en el cotidiano transcurrir de la vida. Ese retorno no es un retorno de pensamiento, es una imagen re elaborada de todo aquello que en el hombre es invisible e indecible.  Lo trágico nos hace débiles en nuestras certezas y seguridades, nos pone en un plano en el cual se hace necesario configurar actos creativos en los que el hombre construya un lenguaje de todo aquello que no es decible. “Lo trágico forma parte de esas cosas. Es un no dicho ensordecedor, ya que si hay algo en lo cotidiano es empíricamente vivido, “eso es el sentido trágico de la vida”[1]

 

La tragedia aparece en el hombre, en una constante que potencia su ser creador, en ese ser creador todos los afectos se revelan en una imagen que retorna constantemente a las preguntas por la mortalidad, inmortalidad y eternidad. La muerte como ese hecho incontrolable, se muestra como potencia de vida, donde el hombre comprende en pequeños instantes una existencia desterritorializada, expandida en múltiples planos de existencia.

 

El retorno a lo trágico en la actualidad como dice Michel Maffesoli es una preocupación por la  eternidad. “en lo trágico postmoderno hay preocupación por la ` eternidad, ´ lo cual induce a la perdida del pequeño yo en un Sí más vasto, el de la alteridad, natural o social. El narcisismo individualista es dramático la primacía de lo tribal es trágico.[2]

 

Ese retorno no se da como pretensión de una totalidad y de un control sobre las cosas del hombre, no busca una explicación de las cosas, ni un decir verdad, lo trágico es vigor y fuerza, es cuerpo y no simple pensamiento. Lo trágico revela en el hombre pasados y futuros que se hacen presente constante, eterno; lo trágico no es solo dolor, es lúdica, es risa, es carcajada que revitaliza la vida donde el hombre encuentra la intensidad que hace decir si a la vida, es reencontrarse no consigo mismo sino con un colectivo que nos hace identificables pero no idénticos,  mi dolor es el dolor de otro y el dolor es mi potencia vital.

 

La tragedia griega aparece hoy no como una rememoración del pasado esplendoroso sino como un juego antagónico donde el modelo se atomiza, se separa, se escinde de si mismo creando diferencias que rompen su discurso, para luego unirse en una reelaboración del lenguaje, José Luis Pardo en su libro Metafísica preguntas sin respuesta problemas sin solución  dice:

 

“Por un movimiento -impensable e inteligible- el ser se separo de sí mismo; desde entonces las cosas siguen moviéndose, y estableciendo entre ellas y su ser diferencias, que rompen su unidad lógica y amenazan al discurso que pretende hablar de ellas con la misma ruptura; ahora bien si el tiempo puede medir ese movimiento, las diferencias pueden hasta cierto punto salvarse y reunirse con su ser. Por eso entendemos que Platón dijese que el tiempo, aun siendo imagen (y no cosa) y aun siendo móvil (y no eterno), sea “la imagen de la eternidad” (Timeo 37d)

 

El movimiento hace que las cosas se transmuten se re elaboren y se transformen, se modifiquen y entren en un juego de maquillaje donde su imagen inicial se diluye en transcursos que van configurando otra cosa de lo mismo, una cosa no es igual ni idéntica así misma, el ser no se mantiene no es puro, este puede atomizarse multiplicarse, transmutarse en el espacio de la ciudad todo se hace múltiple y diferente, esa idea de significado único se revienta y se vuelve un predicado plagado de adjetivaciones, de signaciones distintas que se expande al infinito, es antagonista porque construye otro de ese “sujeto inicial.”

 

Una cosa no va ser nunca original porque estará siempre sometida al movimiento temporal y la intervención espacial.  Las cosas, los sujetos son cuerpos, que se visten y se revisten incesantemente, son dobles múltiples, son protagonistas y antagonistas constantes. El transcurrir destruye la idea de esencia y originalidad creando múltiples originales, una misma cosa es muchas cosas y nunca una sola, lo que perdura de las cosas es su fuerza e intensidad que es atravesada por otros tiempos y espacios que la reconstruyen.  Así las cosas nunca serán eternas ni únicas, todas quedaran envueltas en la tragedia de la mortalidad, y entonces lo que aparece como evento trágico es esa búsqueda incesante de la eternidad que podría estar en el inicio de las cosas, eso que se ha perdido y no por error o falta sino al contrario por deseo de transgresión y deconstrucción de eso que nos gobierna y territorialaza, esa perdida del centro del orden hace que se reescriba el mundo y las cosas de este, que además no solo las reescriba hacia el exterior sino en un interior extensivo que detona la multiplicidad de originales.

 

La modernidad quiso dar un nuevo orden  al mundo pretendió crear originales o ser lo más fiel posible a estos, pero esa idea de fidelidad a lo original se diluye porque la incidencia  del tiempo, el espacio han generado múltiples reinterpretaciones de las cosas, pues estas entran en movimiento y este movimiento las hace publicas, manipulables y de libre interpretación, lo que genera que estén sometidas al intercambio, al flujo y a la yuxtaposición, posibilitando la creación de antagonistas de ella misma.

 

El antagonista no es lo que se opone, es lo que complementa, es el doble que potencia las cosas, el antagonista se construye en el camino, se arma y arma al otro, configura su existencia y convive en el mismo plano. El antagonista es en parte la diferencia de lo mismo, es eso multiplicado. El protagonista solo existe encerrado e  intocable, cuando se hace visible, cuando esta afuera, en la ciudad en el mundo el protagonista encuentra su antagonista porque la unidad que era se escinde, en un sin numero de interpretaciones enciclopédicas en las que una cosa es muchas sin excluir ninguna.  Para entender un poco mejor esa escisión de las cosas miremos lo que planta José Luís pardo en el capitulo 2 de la metafísica.

 

“La proposición ` el ser es ´ resume, entonces, todo lo que decirse puede siguiendo ese procedimiento (se notará que un enunciado de la forma “5′ es P” solo es admisible, en rigor, si se reduce a “S es S, pues allí donde S ^ P equivaldría a decir “S es no-S”, lo que de nuevo es contradictorio: “Sócrates es calvo” es verdadero si y solo si “calvo” es sinónimo de Sócrates, si la calvicie es todo lo que Sócrates es; no siendo así, valdría tanto como decir “Sócrates no es Sócrates”, es diferente de sí mismo, es otra cosa que lo que es).

 

            ¿Qué ocurre, en cambio, en el discurso que se mantiene en la Ciudad? Para que haya discusión, debate, es necesario antagonismo, diferencia de opinión, desacuerdo: uno sostiene que Sócrates es un maestro de virtud (S es P), otro que es un charlatán (S es Q); al aplicarle predicados distintos, destruyen el ser de S y lo hunden en la Nada. Así pues, dos salidas se imponen a este dilema: o bien nos atenemos al discurso ontológico puro, el ser es, y entonces abandonamos la ciudad, pues la palabra que en ella circula orada el ser (esta será la vía adoptada por los Cínicos, después de que Antístenes sostuviera la debilidad intrínseca del discurso predicativo y la imposibilidad de la contradicción), o bien nos quedamos en la Ciudad, pero entonces renunciamos al discurso ontológico y mantenemos que no hay ser (Sujeto), sino solo predicados que pueden multiplicarse ad limitum en la conversación (vía esta emprendida por los sofistas)[3].

 

Esa diferencia de opinión crea entramados de discurso y acción que van tejiendo el mundo. Por eso asumir hoy la tragedia griega implica una reelaboración constante de la idea de original que se tiene, haciendo necesario adentrarse en el problema de la actualización y la creación de otra “cosa”, no solo porque la cosa original  se ha diluido sino porque  al atravesar los cuerpos y los espacios actuales, la obra encuentra un punto o plano de consistencia donde lo “antiguo” arcaico, y contemporáneo, se intercambian para configurar un nuevo espacio tiempo heterotópico donde confluyen todos aquellos elementos sociales, espaciales, culturales y temporales para configurar una nueva obra Antagónica a la “original”.

 

ANTÍGONA es revisada y adaptada tanto textual como escénicamente bajo la reflexión estética, filosófica, artística y desde el devenir diario de nuestra contemporaneidad, indagando y elaborando un mapa conceptual, donde dichos elementos se imbrican para configurar un juego dialéctico, en que el trabajo teórico y el escénico encuentren un punto de convergencia, expandiendo el sentido de la obra “original” de Sófocles.

 

La relación del teatro con otras disciplinas y  estamentos, propone entonces que la obra de Sófocles sea mirada desde una estética expandida y desde una cotidianidad sensible, la obra teatral parte de  elementos prosaicos, dentro de la praxis teatral, que implican estar alerta a los fenómenos y concepciones del mundo contemporáneo, revisando las vanguardias del arte desde su influencia, su desarrollo y actualización en la puesta en escena.

 

Para asumir la propuesta conceptual del trabajo y revelar de una manera conciente el trabajo metafísico e intuitivo de la obra, ésta se opera desde principios,  de deconstrucción,  (actualización, fragmentación, multiplicidad, hiperbolización). Vinculando los afectos, percepciones, vivencias, experiencias y acontecimientos que conducen a encontrar nodos, que contribuyen a argumentar un trabajo práctico, que rebasa los limites de la razón, desarrollando un plano subjetivo amplio, en el cual se trasluzcan los elementos incorpóreos de una sociedad, cultura e individuo, revelándolos en un juego simbólico múltiple que raya con la particularidad de quien lo percibe y quien lo configura.

 

En esta medida se hace una aproximación a esa estructura dramática antigua, operándola y actualizándola desde su función de tragedia, en el marco de una técnica retórica.  Aplicada al trabajo de puesta en escena de la obra teatral.

 

 La deconstrucción actúa en un sentido expandido, en el que todos los discursos interactúan sin un orden pragmático de organización, los signos se revelan en una serie de acontecimientos que vinculan la vida a lo público porque no pueden estar separadas, lo privado se diluye en un evento, donde lo mas irreducible del ser se devela en actos y acciones del drama cotidiano.

 

La deconstrucción agrupa los discursos y los hace intercambiables, e interrumpibles expandiendo la posibilidad de una creación donde el sujeto esparce los valores morales establecidos en la obra de arte. En la desconstrucción “cabe todo,” en la medida en que todo nos atraviesa, configurándonos y creando bloques afectivos, que en la obra de arte se expresan como evento poético, que vislumbrara la influencia de elementos que atraviesan la vida, o de tópicos que surgen como preguntas individuales haciéndolos visible en la obra.

 

Finalmente ANTÍGONA es mostrada como ANTAGÓNICA de si misma. ANTÍGONA ANTAGÓNICA, más que un proceso de dirección escénica es una experiencia con lo trágico, donde lenguajes disímiles, se cruzan para crear una obra cargada de afectos. Por eso este trabajo no hace una mera descripción del proceso sino que construye un plano donde lo conceptual se combina con la practica y va develando un proceso de dirección que logra conformar una obra contemporánea, donde los estatus se diluyen; actores, músicos y director entran en un mismo plano creador.

 

Este documento es un mapa, donde se consigna el proceso de una conceptualización estética y filosófica sobre la obra. En cuanto a las influencias artísticas, el DADA es  la vanguardia, que por su forma de combinar el arte con la cotidianidad e irreverencia da soporte a este trabajo, pero hay que tener presente que a través del texto se encuentran diseminadas una serie de influencias de filósofos, artistas, antropólogos, músicos, directores de teatro, entre otros, que soportan  cada experiencia espacial, musical y conceptual, que influyen en la estética y la definición de la obra, en el trabajo de dirección.

 


[1] Michel Maffesoli. EL INSTANTE ETERNO. El retorno de lo trágico en las sociedades postmodernas. 2001 P. 9

[2] Ibíd.

[3] Pardo José Luís. “La Metafísica”. C. II. P.

  
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